No canto del gélido pasajero traslucido a su estancia,
a girar en el día a día, que es un segundo y nada más,
los aromas malditos de las flores que arrojamos a las lagrimas del mar.
No busco huella en la arena ni lamento en los vientos.
De esta flor nace un pétalo con gusto a sal; mientras cielos, que avanzan forjando sotaventos,
fabrican nubes rasgadas y fosas con lagrimales negros:
pasajeros de vuelos gravitos y mariposas caídas a las lagrimas del mar.
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Pablo Guerrero - 17Abr